La pesadilla de un “team” que nos quita el “dream”.

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Y este equipo concebido como el “dream team” o “equipo de los sueños”, desde hace rato que se ha convertido en el “equipo de las pesadillas” para todos los simpatizantes y socios del Deportivo Morón y en el “equipo de los desvelos” para la propia dirigencia del Gallo.
Y realmente ha sucumbido de tal forma, en particular desde el receso a esta parte, que este inicial “dream team”, hoy no sólo que se ha erigido en el “equipo de las pesadillas” para todos los socios e hinchas de Morón, sino que la metamorfosis ha sido de tamaña dimensión y gravedad que, en términos cinematográficos, este plantel pesadillesco es, ni más ni menos, que la versión más escalofriante de la saga completa de “Freddy Krugger”.

Con nueve partidos sin ganar, siete de los cuales fueron derrotas, este Morón futbolísticamente deshilachado y anímicamente fulminado de finales de campeonato, en definitiva registra una estadística apabullante, por lo catastrófica, de tan sólo diez puntos obtenidos sobre 42 posibles (dos victorias y tres empates), en 14 jornadas disputadas durante la segunda parte de la temporada, con un saldo goleador de 14 tantos a favor y nada menos que 24 en contra, en el mismo lapso.

En el marco de esta campaña, francamente de descenso directo, de no mediar las paupérrimas performances de Central Córdoba de Rosario y San Telmo, hoy el Gallo tendría más complicaciones de la que ya tiene, en materia de promedios; problemas que se potenciarán exponencialmente en la temporada 2013/2014, partiendo en zona de descenso, junto a Defensores de Belgrano, y a una decena de puntos como mínimo, del conjunto más cercano en coeficiente, dentro de la próxima tabla de “promiedos”, que constituirá sin dudas, nuestro mayor motivo de desvelo y angustia durante toda una larga temporada de 40 fechas.

Con el antecedente reciente de una mejoría ostensible en Rosario, más en materia de actitud que de aptitud, en el empate en cero en el “Gabino Sosa”, este Morón sensible a los golpes e incapaz de hallarle solución a los problemas tácticos que lo persiguieran en todo el presente torneo, arribaba al Urbano, a escasos minutos de su melancólico y definitivo adiós, con la necesidad de comenzar a sumar de a tres, ante un Almagro limitado, aunque ordenado, equilibrado, contundente e inteligente a la hora de usufructuar todas las ventajas y “ofertas por fin de temporada” que, invariable e inexorablemente, ofrecen partido tras partido un mediocampo y una defensa del Gallo, con más grietas, dudas y contradicciones que explicación de Leonardo Fariña.

Aún así, y con más empuje que ideas, este Gallito pesadillesco alcanzaría el primer desnivel ante el “Tricolor” de José Ingenieros, a través de una arremetida de Ariel Otermín, para empujar al gol un balón decidido a recorrer la línea de meta sin intenciones de ingresar en el marco contrario, para pasar a ganar a los ’12 de iniciado el encuentro, en un comienzo auspicioso y que invitaba a soñar con la clausura de todas la nefastas rachas adversas reseñadas hace un momento.

Sin embargo, ya sin el “Gato” Daniele en el cuerpo técnico, este equipo continúa adoleciendo de una incapacidad manifiesta a la hora de manejar los tiempos de los cotejos, máxime hallándose en ventaja, a lo que debe sumarse, por si no resultase suficiente, una falta de fútbol e ideas alarmante, en comparación con aquellos planteos verticales y ambiciosos del “kamikaze Viejo Lobo”.

Es que este Morón, versión Mario Grana, se plantea como un equipo más equilibrado, por lo menos desde lo teórico, pero bastante más temeroso y cuidadoso de aquél de Norberto Salvador Daniele, que era capaz de jugarse todo a un solo pleno, sin términos medios entre las opciones de “plata y mierda”.

Dentro de esta búsqueda menos ambiciosa y quizá más realista, ajustada a la verdad emocional y futbolística de un equipo desorientado y desconfiado de sus propias virtudes y fortalezas, resulta evidente que cualquier traspié circunstancial, por menor y marginal que pudiese resultar, se torna insostenible para un conjunto que se desMORONa con la facilidad y fragilidad de un castillo de naipes.

Y es precisamente allí, en presencia de la primera adversidad, donde la realidad de un equipo entregado y sin alma, se conjuga con la alarmante falta de respuestas futbolísticas reseñadas, que convierten a dicha dificultad en un verdadero drama y a cualquier posible inconveniente pasajero, en un dilema indisoluble con pronóstico previsible de cosa juzgada.

Por si fuera poco, ya todos los rivales son concientes de la debilidad emocional de este Gallo sin plumas ni cresta, y se valen de los argumentos futboleros más elementales para complicarlo, tales como los pelotazos frontales a espaldas de los centrales o los centros al área chica, para que los propios defensores de Morón se compliquen solos o de cuyos rebotes cortos, pifiados e imperfectos crezcan y florezcan las opciones de gol ajenas.

Porque desde hace algunas fechas, más precisamente desde el fatídico 3-4 con Chacarita, en adelante, a este equipo de “Freddy Krugger” no le convierten simplemente “goles”, sino más bien que las anotaciones rivales se generan y cristalizan en medio de verdaderos “bloopers” de nuestros volantes y defensores.
En este punto, habrá que agradecer que no nos hayan televisado en directo, más de lo que lo han hecho a la fecha, puesto que de otra manera y por lo (mal) hecho en las últimas nueve fechas, nuestros defensas y volantes de contención serían abonados permanentes a secciones tales como el “No top ten” de ESPN.

Volantes que pierden el balón de manera inverosímil en mitad del campo y con todo el resto de sus compañeros en función ofensiva, para generar contras letales, que ni siquiera son capaces de solucionar a posteriori, porque encima no tienen la velocidad, ni el amor propio o la vergüenza deportiva como para darle alcance a sus rivales; defensores incapaces de rechazar con acierto un envío a la propia área, intentando una y mil veces el despeje necesario o que, cuando ocurre, sobreviene una pifia o rechazo corto que termina en el pecho, la cabeza o el empeine goleador del delantero más próximo; volantes que se dejan anticipar o llegan siempre tarde a la hora de los rebotes, y que no se animan a un cambio de frente o deciden jugar en corto, para no hacer más evidente su falta de coraje, temple y compromiso en los momentos de nerviosismo y confusión compartidos; son algunas de las múltiples instantáneas que ofrece partido a partido, un equipo sin alma, sin convicción, sin capacidad de reacción y sin entereza, que desde hace un largo tiempo a esta parte, deambula por la cancha entre el bochorno repetido y el ridículo sin fin.
No por casualidad, resultan los más jóvenes, los puntos más altos y las apuestas más acertadas de este ciclo reciente de Mario Grana, a partir de la inclusión de juveniles valores como Ariel Omar Berón, Matías Exequiel Orihuela y fundamentalmente, Rodrigo Basualdo (categoría ’93 y un par de partidos en primera), quienes enarbolan las banderas de las ganas, el sacrificio, la voluntad y la vergüenza deportiva, valores justamente ausentes en muchos de sus experimentados y desangelados compañeros.

En definitiva, este plantel concebido para el “ensueño” a principios de temporada y que hoy le quita el “sueño” a cada uno de nosotros, debería verse reflejado un poco más en los rostros de sus seguidores y fieles hinchas, del otro lado del alambrado, quienes la están padeciendo semana a semana, con este plantel de verdaderos zombies que no generan ni devuelven nada, y que sin embargo, y a pesar de cualquier eternización de rachas adversas, jamás habrán de acostumbrarse a perder y resignarse a vivir en el desencanto deportivo permanente, algo que deberían imitar dentro del campo de juego, varios de los que hoy (des)visten la casaca del Gallo, ignorantes de su historia, su significación simbólica y su peso específico.

Gustavo Adrián Requelme.