Camiseta transpirada

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Una historia se destaca
que les quiero relatar:
Del Gallito, la casaca
se tiene que transpirar.

Así canta la tribuna
reclamando más empeño.
Rojiblanca sólo hay una:
la del “once” de mis sueños.

Y fue una elección con fuste
que, en tiempo de “Los Piratas”,
se usara la que dio lustre
a Estudiantes de la Plata. 

Y la suplente, yo pienso,
por quererlo el fundador,
se usó la de San Lorenzo,
de azul y rojo color…

Un cambio fue necesario.
Y como era regalada,
vistió la del “Millonario”,
pero con faja cambiada.

Ya con la banda al derecho,
-el diseño fue sencillo-,
lució un gallito en el pecho
bordado sobre el bolsillo.

Hubo una, que a destajo
la llevó con ilusión:
rojo arriba, nieve abajo
y una “M” de Morón.

Muy blanca fue una camisa
con cuello y ribete rojo.
Borravino la divisa
Que me llenaba los ojos.

Hubo otra, que recuerdo,
se dividía en dos lados:
todo rojo en el izquierdo
y blanco el otro costado.

Sesenta y dos que te has ido,
nos diste la principal,
la que todos han querido:
la de FRANJA HORIZONTAL.

De rectos y anchos listones
de rugby fue y la luciste,
encendiendo corazones
cuando a primera subiste.

Franja blanca y derechita
sobre roja vestimenta.
Y en diagonal, la bonita,
que fue foto del ochenta.

También vistió con afán
una blanca recordada;
muy parecida a Huracán,
cuello y mangas coloradas.

Hubo una, y no le yerro,
verdolaga, ¡Qué destino!,
la prestó de apuro “Ferro”.
Y otra rara: azul marino…

Y una celeste azulada
que fue la peor camiseta.
Hoy tampoco dice nada
tu vestimenta violeta.

Camisas y camisolas
que recuerdo de memoria.
Yo no acepto ni una sola
que no respete tu historia.

Cronológicos, vitales,
los colores de Morón.
Hablan de blancos ideales
y rojos, pura pasión.

Gallitos bien emplumados
nos cubrieron las remeras.
En rojo y negro estampados
y hasta un gallo con galera.

Morón es señero y manda.
Y siempre al podio se sube.
Fue el primero en propagandas
que hoy llevan todos los clubes.

Camisetas triunfadoras
de tiempos que ya se han ido.
Casaquillas perdedoras»
que ha sepultado el olvido.

Remeras arrebatadas
en una tarde de ascenso.
Camisetas empapadas
con el llanto del descenso.

Trozos de tela en colores
con dinero en la balanza.
Camisolas de inferiores
que son siempre la esperanza.

Camisetas que han besado
jugadores mercenarios,
sin ponerse colorados
de besar la del contrario.

Camisetas regaladas
a mis hijos de pequeños.
Yo no las cambio por nada:
estandartes de mis sueños.

Camisetas que adheridas
llevé en el alma en secreto.
Que me permita la vida
verlas lucir a mis nietos.

Tantos años, mucho trecho,
camiseta transpirada:
Nunca te usé sobre el pecho
porque te llevo pintada.